Huaca Julio César Tello o Panteón Chino (Pueblo Libre). Foto cortesía JoveDrones.

Wikipedia es la más grande y monumental enciclopedia del planeta. Ella es editada de forma colaborativa y  encontramos más de 37 millones de artículos en 287 idiomas que han sido redactados por voluntarios (wikipedistas se les llaman) de todo el mundo. A la fecha se tienen más de 2.000 millones de ediciones, en una plataforma Web donde prácticamente cualquier persona con acceso a esta Wiki puede editarlos.

El Perú está en Wikipedia, pero aún falta que mucho contenido que sea visible. Para ello nos estamos sumando al Wiki Love Monuments Perú, que es un concurso que busca subir fotos de lugares, monumentos y patrimonios culturales en el Perú en aquel contenido que no tiene fotos en la Wikipedia. Esta es una valiosa oportunidad para hacer visible nuestro patrimonio y durante este mes de setiembre el Perú (qué participa por primera vez) se suma a esta campaña.

Salvemos las Huacas, recogiendo esta convocatoria los invita a registrar en dos caminatas algunos sitios arqueológicos de la ciudad, para ellos estamos invitando a salir a caminar y con cámara en mano fotografiar las huacas de nuestra ciudad y luego subirlas a Wikipedia.

La cita será el sábado 17 y domingo 18 desde las 8:00 am, para mayor información ingresa al evento que hemos preparado. Te esperamos en esta aventura de colaboración y amor a nuestro patrimonio cultural.

Ingresa al Evento en Facebook

Conoce en detalle  la campaña oficial

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He leído el artículo de Gómez Suarez de Figueroa publicado en el portal “Crisol & Acción” que lleva como título Huacas ¿Para qué? El patrimonio Cultural frente a los tiempos actuales y creo necesario escribir algunas líneas que nos permita complementar el análisis que realiza el autor.

Desde una reflexión sobre el uso de nuestro patrimonio local, necesitamos tener una actitud crítica en relación a sus actores. No quiero opinar del Cusco, pues es un contexto y realidad que no conozco con profundidad, conocimiento que solo he tenido de lo leído y vivido como turista frente a las ofertas culturales de dicha región. Por ello, quiero centrarme en Lima Metropolitana

Lima es una metropoli que tiene aproximadamente más de 350 huacas registradas y algo más que una decena de sitios arqueológicos puestos en valor para el acceso al ciudadano. Sin embargo, muchas de las cientos de huacas registradas y reconocidas como patrimonio cultural de la nación no cuentan con una delimitación y señalización actualizada, siendo motivo de conflicto por invasiones exponiéndose a una sistemática destrucción de una ciudad que crece explosivamente.

Huaca Marcavilca al pie del Morro Solar, el crecimiento urbano poco a poco la va destruyendo

Huaca Marcavilca al pie del Morro Solar, el crecimiento urbano poco a poco la va destruyendo

Hacer, hacer, hacer…

Un primer aspecto que quiero destacar es considerar que muchas de las acciones que se vienen realizando en torno a los sitios arqueológicos hoy en nuestra ciudad son valiosos esfuerzos de colectivos, activistas, instituciones y docentes que buscan acercarse a nuestra historia y arqueología local desde una determinada huaca, en un barrio específico con el principal objetivo de protegerla, hacerla visible a la comunidad y buscar mejorar sus condiciones.

Replicar un Inti Raymi cusqueño al pie del Templo El Paraíso o la Fortaleza de Campoy es un recurso pedagógico desde mi modesto entender para acercarnos a nuestras raíces. Es un momento para decirle al barrio que esta huaca está viva y tiene una historia por descubrir. Es cierto, podemos cuestionar algún tipo de anacronismo, falta de consistencia histórica y arqueológica en la representación, pero no podemos negar que ese es un primer esfuerzo para mirar de una forma distinta nuestros sitios arqueológicos en una ciudad en donde las huacas son depósito de basura y fumaderos.

En Comas, al pie de la fortaleza de Collique en algún momento se representó la resistencia entre los Collics e Incas, tal vez las armas no fueron la mejor réplica o los escudos y sus diseños parecían más utilería de teatro, pero lo importante y central fue que eran escolares quienes vivenciaban un hecho, lo reconstruían e identificaban en un lugar de su barrio, conectándose con su historia local.

Alguien soltó la idea de cómo realizar una celebración sobre los Ychsmas en Lima. De cómo activar las huacas que sobreviven y recordar las que se encuentran bajo concreto y asfalto. ¿El Inti Raymi es lo adecuado? ¿Será la fiesta del agua? ¿La limpieza de canales? ¿El ancestral culto a Pachacamac? Realmente es complicado tomar una decisión y es por ello que muchas escuelas toman este Inti Raymi como única referencia. Habrá que pensar en nuestro propio “raymi”. Tarea pendiente.

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Fortaleza de Campoy, escenario para representar la novena edición del Inti Raymi en el distrito de Chorrillos (Foto: Arturo Vásquez)

La huacas no son telones de fondo

Quién ha participado del cuento musicalizado que se narró en la giras de Huacas, Burbujas y Rock n’ Roll, habrá comprendido que este viaje imaginario que realizan los dos personajes (Rafo Ráez y Dirk Pajares) en busca del Templo de Pachacamac (la gira era eso, un recorrido de huaca en huaca hasta llegar al gran templo, por eso se armó un circuito y no fueron aisladas representacioens) era una invitación a comprender la idea de culto, ofrenda y fuerza telúrica que tienen la huacas.

A esto le agregan dos interesantes ingredientes: el rock y las burbujas. El primero un lenguaje musical también del inmigrante en la ciudad y una forma de conectarse con los más jóvenes y las burbujas, objetos mágicos que alegran a los niños y niñas y despiertan en los más viejos ese niño interno. La huaca se convertía en cada presentación en el espacio que nos acercaba a la idea de ofrenda (¿recuerdan las semillas que se nos entrega al inicio y luego somos nosotros esa semilla en el cuento que germina?). Sus paredes, en algunos casos restauradas, en otros erosionadas y colapsadas no son un fondo anacrónico, son las mismas que día a día el vecino de la Huaca Alborada en Comas observa y empieza a comprender que la huaca tiene otro sentido que el de ser basurero. Es esa misma huaca que los movilizó junto con estudiantes de escuelas primarias animados por el Colectivo Colli a cambiarle el rostro al monumento.

Los muros de barro, son los mismos en donde se arrojaba desmonte en Tambo Inga, Puente Piedra y en donde adolescentes trabajan para cambiarle la mirada al vecino sobre su huaca y el puquial a punto de desaparecer.

Dirk Pajares narrando a los asistentes en la Huaca Tambo Inga

Dirk Pajares narrando a los asistentes en la Huaca Tambo Inga

¿Huacas y turismo?

El tema no es si tal o cual huaca sea un potencial espacio turístico para la ciudad. El problema de fondo es como se implementan políticas locales en franco y decidido apoyo para la protección de los sitios. Son tareas sencillas que van desde apoyar a organizaciones barriales, colectivos de defensa del patrimonio, activistas, escolares y organizaciones en apostar por hacer de una huaca un sitio seguro y saludable.

Y eso implica que los gobiernos locales sancionen a quienes arrojan desmonte, la ocupen ilegalmente y las convierten en lugares peligroso ¿Pueden los vecinos sin el apoyo de su gobierno local iluminar la calle? ¿Están en capacidades las Juntas de Seguridad Ciudadana arrojar a los fumones y delincuentes de las huacas sin el apoyo de la Policía Nacional y el Serenazgo del distrito? ¿Las faenas de limpieza de las huacas pueden hacerlas sin el apoyo de camiones recolectores ni maquinaria?

No puedo hablar de turismo, si no empiezo por hacer del barrio y mi huaca espacios seguros y saludables, recuperando ese espacio público perdido. Es que la huaca es un espacio público muy especial, un espacio que de por sí nos habla y enseña sobre tecnologías ancestrales, formas de comprender el mundo y herencias milenarias que muchas veces dejamos de lado.}

Para finalizar, comparto con el autor cuando dice: “Algo que debe quedar muy claro para el lector es lo siguiente. Antes que usted quiera poner en un sitio arqueológico (‘huaca’) títeres para niños, guiados turísticos, espectáculos musicales o ‘rituales inkas’ debe sanear física y legalmente el sitio” y eso no es solo tarea del Ministerio de Cultura, es un trabajo articulado entre los gobiernos locales, escuelas aledañas a las huacas, organizaciones vecinales y gestores culturales del barrio. Delimitamos para poner orden. Para decirle a la población que ese es un espacio público, no mi parcela, no guarida de personas de mal vivir. Y que todos tenemos derecho a disfrutarlo.

Las ideas existen, las voluntades también, necesitamos un trabajo mucho más articulado entre quienes viven y coexisten con ese patrimonio. Cómo dicen los chicos: “Menos floro y más acción” y de eso he venido aprendiendo intensamente durante los últimos años.

La seguimos…

Koke Contreras

Javier Lizarzaburu en su post publicado esta semana “Mirar las huacas desde la ciudad. Mirarlas más allá de la arqueología” nos presenta una reflexión a partir de un conversatorio organizado por Salvemos las Huacas en dónde se discutió la idea de la “huaca enrejada”.

En ese encuentro se presentó la clasificación que se hace mención en el blog de Lima Milenaria y que nos lleva a mirar cada una y la singular forma como impactan en su entorno, en el sitio arqueológico y con los ciudadanos. Quiero determe en un tipo de huaca que por sus características tiene un enorme potencial y puede cambiar la concepción que se tiene de la misma en su entorno para convertirse en un espacio educativo, ciudadano y de gestión cultural.

La huaca enrejada

La huaca al estar dentro de un cerco o un enrejado garantiza que no se produzca afectación por parte de personas que puedan invadirlas y destruirlas. Sin embargo, al estar abandonadas y sin atención sostenida, en ellas se depositan hojas secas, maleza en su alrededor y basura de todo tipo. El cerco o la reja se van deteriorando e inclusive el cartel mural que indica el nombre de este sitio va desapareciendo.

Estas huacas son las que deben ser tratadas de forma directa y sostenida por los miembros de su comunidad para desarollar tareas de limpieza, repintado del cerco o enrejado, mantenimiento del cartel mural informativo. Esta tarea es posible gracias a una movilización de vecinos, escuelas y activistas que podrían intervenirlas a partir de un plan de corto y mediano plazo durante un año.

Huaca Julio C. Tello entre las calles Río Huaura y Río Moche en Pueblo Libre

Huaca Julio C. Tello o Panteón Chino entre las calles Río Huaura y Río Moche en Pueblo Libre (Foto: Jovelo Drones)

Uno

Iniciamos la intervención de esta huaca con una faena de limpieza con los vecinos, en otros barrios les llaman Aynis haciendo memoria al trabajo comunitario de nuestros ancestros. Lo ideal es que se haga un mantenimiento quincenal a cargo de estudiantes de las distintas escuelas cercanas y un monitoreo de la participación del gobierno local en su limpieza y control para identificar los malos vecinos que arrojan desmonte o financiar con el apoyo de empresas cercanas a la huaca el pintado de la reja y el cartel mural. Este tipo de actividades ya se vienen realizando y se articulan con un Programa del Ministerio de Cultura denominado “Huaca Limpia, Huaca Viva”.

Esto pondría en valor esta huaca enrejada. Sin embargo, estamos ante el inicio.

Huca La Luz I en el Cercado de Lima, a pocas cuadras del Complejo Arqueológico de Mateo Salado y la Huaca Julio C. Tello o Panteón Chino.

Huca La Luz I en el Cercado de Lima, a pocas cuadras del Complejo Arqueológico de Mateo Salado, Huacas Corpus I y II y la Huaca Julio C. Tello o Panteón Chino. Un potencial circuito por construir. Nótese la base de pintura de la reja oxidándose, nunca se llegó a colocar la primera mano de pintura (Foto: Salvemos las Huacas)

Dos

Un segundo momento es informar a los vecinos sobre el monumento. Comunicarles de manera sencilla y lúdica sobre la historia de estos desarrollos culturales y sus creaciones. Aquí podemos realizar breves visitas informativas, con charlas o talleres semanales que permita a todos los vecinos conocer sobre la historia de la huaca ¿Quiénes harían estas visitas? Una opción es que sean los docentes de las escuelas aledañas apoyados por sus estudiantes, quienes tendrían las funciones de guías. Una interesante experiencia se ha desarrollado en San Juan de Luirgancho con los estudiantes de la IE Daniel Alcides Carrión. Esto implica una preparación en el manejo de información, forma de comunicar y estrategias pedagógicas para hacer divertiva la visita. Estas acciones pueden formar parte del trabajo curricular en el aula o el desarrollo de un proyecto de aprendizaje.

En dos meses se podrían programar ocho visitas durante los fines de semana y habremos sensibilizados a un alto porcentaje de vecinos cercanos al patrimonio y tendrían una idea de que representa esa huaca que todos venimos poniendo en valor. No olvidemos que el mantenimiento es una actividad permamente y eso permite embellecer el sitio e incorporarlo positivamente al paisaje urbano del barrio.

Huaca La Luz II cercada gracias al financiemiento del Plan COPESCO, en la parte superior izquierda la Huaca Luz I (Foto: Jovelo Drones)

Huaca La Luz II cercada gracias al financiamiento del Plan COPESCO, en la parte superior izquierda la Huaca Luz I (Foto: Jovelo Drones)

Tres

Un tercer momento estaría ligado a realizar actividades en torno al sitio, tal vez no hay suficiente espacio dentro de la huaca y no se cuente con un área donde pueda presentarse un grupo de danzas, un titiritero, talleres de arte para niños y niñas, una feria de artesanías, un torneo de ajedrez o una presentación musical. Tenemos que decidir que hacer. Teniendo nuestra huaca como telón de fondo para mensualmente hacer de este espacio, nuestro espacio cultural ¿Qué se requiere? Básicamente el apoyo del gobierno local ¿En qué? En equipo de sonido, sillas o algún toldo. Si el gobierno local no logra involucrarse podemos apelar a la creatividad y la colaboración vecinal para que durante un determinado tiempo los vecinos disfrutemos de ese espacio en torno a la huaca y hagamos de este lugar nuestro espacio comunitario. Obviamente sin afectar en absoluto a la huaca.

Huaca Corpus I puesta en valor por la Municipalidad Metropolitana de Lima y cercada por el Ministerio de Cultura

Huaca Corpus I puesta en valor por la Municipalidad Metropolitana de Lima y cercada por el Ministerio de Cultura (Foto: Municipalidad Metropolitana de Lima)

Finalmente , necesitamos en esta primera etapa, ir generando información y conocimiento. Podemos muralizar una pared aledaña a la huaca con imágenes de la historia local que narren la forma de vida, costumbres, tecnologías ancestrales y creencias de esos antiguos pobladores. Colocar banners informativos sobre la cultura local o las técnicas constructivas empleadas. Todo esto con el objetivo que los vecinos puedan “leer” la huaca. Estas muralizaciones y paneles informativos pueden desarrollarse a manera de proyectos de aprendizaje en las escuelas y movilizar a los estudiantes para busquen los recursos y medios para su gestión.

Huaca Virgen del Morro en Chorrillos, a pesar de estar cercada se arroja desmonte y basura. Al fondo pared que colinda con la institución educativa próximamente a ser muralizada en un Ayni por el Colectivo Ichmay Tampu

Huaca Virgen del Morro en Chorrillos, a pesar de estar cercada y protegida se arroja desmonte y basura. Al fondo una pared que colinda con la institución educativa próximamente a ser muralizada en un Ayni a ser realizado por el Colectivo Ichmay Tampu (Foto: Salvemos las Huacas)

La huaca enrejada sería mantenida de forma sostenida mediante un cronograma en dónde todos participamos, aprendemos de ella y la hacemos parte de nuestro barrio. Vienen a mi memoria huacas como Julio C. Tello en Pueblo Libre, Potosí o Pando, Huantinamarca y Casa Rosada en San Miguel, La Luz I y II, Corpus I y II en el Cercado de Lima, Balconcillo en La Victoria, La Lechuza, Cruz de Armatambo y Virgen del Morro en Chorrillos, entre otras. Huacas dónde podemos empezar a movilizarnos en torno a ellas.

En un siguiente post comentaremos sobre aquellas que como Mateo Salado, están puestas en valor y cuentan con un circuito y un programa cultural y de proyección a la comunidad.

La seguimos…

La frase desencadenó una serie de respuestas y críticas frente a las desafortunadas declaraciones del candidato de Peruanos por el Kambio: Pedro Pablo Kuczynski. Su comando de campaña reaccionó rápidamente y aclaró que la frase fue malinterpretada y que ellos, en su Plan de Cultura, proponen alternativas viables para la recuperación del patrimonio arqueológico.

Si leemos las aclaraciones y revisamos el Plan de Cultura encontraremos interesantes porpuestas que no son muy difundidas ni discutidas considerando que estamos en pleno proceso electoral. Daría la impresión que una vez más, el tema de las políticas culturales es un tema de menor importancia.

Sin embargo, entre el dicho y el hecho hay mucho trecho. Y la expresión de PPK es la típica opinión que tiene un peruano promedio (desde grandes gerentes y empresarios hasta la señora que va camino  a comprar al mercado). La huaca, ese montículo de tierra y adobes debe convertirse -para muchos- en un “parque bonito”. Es que lamentablemente huaca es sinónimo de depósito de basura, refugio de fumones y guaridad de delincuentes. Si hacemos un balance de cuantos sitios arqueológicos de los más de seiscientos que tiene la ciudad están puestos en valor, el porcentaje de recuperados para la ciudad es mínimo en relación al total de huacas.

¿Tenemos conciencia real que ese “montículo de tierra y adobes” es un patrimonio arqueológico? ¿Y qué es un patrimonio arqueológico? Sencillo, patrimonio es tu herencia hoy. Lo que viene desde el pasado y está en tus manos. Depende de ti conservarlo y darle valor.

Si tienes la fotos del matrimonio de tu abuela y las de tu bisabuelo en pañales caminando o las tuyas de niño con tus primos en la playa con toda la familia ¿Para qué tenerlas en casa? ¿Para qué conservar viejas fotos?  ¿No deberíamos botarlas? ¿Qué hacemos guardando “vejeces”, como dirían nuestros mayores? ¿Harías eso con las fotos antiguas de tu familia? ¿Tirarías al tacho por polvorientas y hongueadas? ¿No tratarías de salvarlas y recuperar esos momentos registrados en una foto?

Lo mismo sucede con nuestra huacas, construidas por esos antiguos vecinos, que ocuparon este valle mucho antes que nosotros. La idea no es botarlas y cambiarlas por parques, sino, organizarnos para trabajar en su conocimiento (nadie ama lo que no conoce), conservación (si no las cuidamos desparecen como las abandonadas fotos de la abuela), recuperación (son espacios públicos y deben tener una adecuadafunción) y difusión (si no compartimos lo que tenemos, no seremos capaces de crear una conciencia entre nuestros pares y vecinos).

Necesitamos pensar la huaca, cómo espacio de encuentro y memoria. Como continium cultural que forma parte de nuestra historia hoy. Eso nos lleva a comprender la destrucción que ha tenido en los últimos tiempos, la indiferencia de nosotros como vecinos y de nuestras autoridades y también el trabajo y esfuerzo de muchos por conservarlas.

Trabajos iniciales de limpieza en la
Huaca Monterrey (Valle Amauta, Ate)

Necesitamos pensar la huaca como espacio emblemático del barrio, del distrito. Que represente una historia que heredamos y nos enorgullece a todos y encierra aún bajo tierra muchos tesoros expresados en tejidos, cerámicas, imágenes, tecnologías y manifestaciones de los antiguos peruanos.

Pasadizos subterráneos conectan espacios]
restringidos con espacios públicos (Huaca Monterrey)

Necesitamos pensar la huaca como una red articulada de monumentos en Lima, integrada por caminos prehispánicos que las unió por vías que hoy solo quedan su trazo y algunos vestigios en pie, que  supo aprovechar este valle y hacerlo productivo mediante una red de canales hidraúlicos que hasta el día de hoy funcionan y riegan el 80% de los “parques bonitos” de la ciudad.

Esperemos una diálogo serio, técnico y de propuestas viables por parte de los candidatos en estos días y no una feria de ofertas populistas que tanto daño hacen en la formación ciudadano de los electores.

La seguimos…

Koke Contreras
Coordinador Local

Salvemos las Huacas

Conoce más sobre la Huaca Monterrey que podría ser un “parque bonito”:

Los tesoros de la Huaca Monterrey

Una noticia difundida por la radio local hace dos semanas alertaba de una invasión de terrenos en la zona arqueológica de Caballero en el distrito de Carabayllo. No había precisión del sitio, al indagar encontramos que no hay un solo Caballero, sino que son varios sitios distribuidos muy cerca del centro poblado que lleva el mismo nombre.

La noticia la relacioné inmediatamente con la famosa hacienda Caballero que se encuentra al pie de la carretera que nos lleva a Santa Rosa de Quives luego pasar por la hacienda Punchauca. Pero el sitio arqueológico Caballero 2 también hizo noticia al ser declarada Patrimonio Cultura de la Nación el 4 de diciembre de 2014.

Publicamos un post en el fan page de Salvemos las Huacas y varios activistas nos sugirieron realizar una visita de monitoreo a la zona para mapearla, registrarla en la plataforma Web y dar cuenta de lo que viene sucediendo.

Este sábado 30 de enero, se formó un grupo que realizó el recorrido apoyada por información proporcionada en el Inventario del Patrimonio Monumental Inmueble de los valles del Chillón, Rímac y Lurín publicado por la UNI y la Fundación Ford. Iniciamos muy temprano la visita y premunidos de nuestras cámaras y mapas enrumbamos hacia el río Chillón.

La vergüenza de la Hacienda Caballero

Al descender de la combi que nos trasladaba al centro poblado de Caballero nos encontramos frente a frente con la monumental Hacienda Caballero. Ascendimos al edificio por unas escaleras y recorrimos sus ruinosas habitaciones. Sorprendidos ante tanto abandono e indiferencia fotografiamos como la negligencia y falta de planificación van haciendo que este monumento se deteriore aceleradamente día a día.

Al descender, ubicamos un muro prehispánico en la base del edificio que nos corrobora (como sucede en Punchauca) que estas grandes casonas coloniales se levantaron sobre viejas estructuras prehispánicas.

Nótese el muro prehispánico que forma parte de la estructura constructiva de la hacienda (Foto SLH)

Nótese el muro prehispánico que forma parte de la estructura constructiva de la hacienda (Foto SLH)

Al frente observamos la demolición de viviendas ¿Bajo qué criterios se vienen demoliendo? ¿No son parte del conjunto arquitectónico? ¿No tienen rango de patrimonio?

Un antes y un después de las viviendas aledañas a la hacienda Caballero

Un antes y un después de las viviendas aledañas a la hacienda Caballero (Foto Enrique Mori)

Seguimos una trocha a la espalda del ruinoso edificio e ingresamos a un camino que nos lleva a las chacras y los cerros en busca de los sitios arqueológicos de Caballero.

La piedra horadada y los canales de regadío

Iniciamos el ascenso a hacia Caballero 3, según el mapa el sitio de Caballero 2 estaría en la primera elevación donde ubicamos varias viviendas. Bordeamos el cerro siguiendo el camino al lado de los campos de cultivo y al ascender al cerro identificamos un canal de regadío. Seguimos la sinuosa ruta de un viejo canal prehispánico en desuso y cuándo estábamos a punto de ascender nos encontramos ante una piedra con un extraño agujero muy bien pulido. Por su ubicación, la orientación hacia la salida del sol y su cercanía a los canales de regadío nos hacen sospechar su función de calendario muy similar a “La peña horadada” que se encuentra en Barrios Altos

Esta piedra requiere una mayor atención y cálculos a partir de sistemáticas observaciones que nos permitan contar con evidencia sobre su uso como calendario. A esto se suma el canal de regadío que encontramos, desde la base de la elevación estábamos ante dos incontrastables evidencias de la importancia del sitio y su vinculación con calendarios que anunciaban los períodos de lluvias y crecidas del río.

Vías carrozables, lotizaciones y destrucción del patrimonio

Seguimos ascendiendo y encontramos una vía carrozable de reciente ejecución. La vía que bordea la elevación ascendiendo hacia la parte alta, a esto se suma lotizaciones de terreno en las laderas de la quebrada. Un típico movimiento de los traficantes de terreno que van creando las condiciones para ocupar el esapcio sin importarles que están ante valioso patrimonio arqueológico.

Antes de ascender a la siguiente elevación observamos con mucho detenimiento la tierra removida. Los experimentados ojos de nuestros compañeros permitió encontrar evidencias de enterramiento: restos de cabello, moluscos, la pata de un crustáceo, restos de maíz y algodón pardo, tejidos y cañas muy típicas de los enterramientos nos permitió ubicar un área donde se concentraban la mayor cantidad de evidencias.

Finalmente retomamos la ruta de la vía carrozable, fuimos ascendiendo y llegamos a una zona que se elevaba suavemente, volvimos a observar con detenimiento y contrastarla con los registros del inventario e identificamos unas plataformas cuadrangulares bordeadas con rocas. Lo terrible de esto es que ya hay una línea de cal sobre estas evidencias que orienta para que la maquinaria pesada continúe en la nivelación de la ruta.

Estrucrura prehispánicas y sobre ellas el futuro tarzo de una vía carrozable

Estructura prehispánicas y sobre ellas el futuro trazo de una vía carrozable (Foto Anahí Vásquez de Velasco)

Detalle de una estructura que bordea un área cuadrangular de una posible plataforma en la cima de Caballero 3

Detalle de una estructura que bordea un área cuadrangular de una posible plataforma en la cima de Caballero 3 que conincide con el trazo del camino carrozable  (Foto SLH)

Aprendiendo a observar

Bordeamos la elevación contigua a Caballero 3 e ingresamos a una quebrada, la evidencia de haber ocurrido un huayco se mostraba por las piedras dispersas y algunas zonas donde podríamos identificar algunas plataformas, sin embargo, fue a mitad de este recorrido que encontramos varios restos de cerámicas lo que nos confirmaba que debajo de este aluvión debe existir evidencias de ocupación prehispánica.

Esta fue una brillante oportunidad para observar, identificar como la naturaleza ha modificado el espacio con sus aluviones y también como la mano del hombre y su maquinaria empiezan a nivelar la zona para un futuro uso urbano ¿Construir sobre un viejo lecho de un huayco? Pareciera que no aprendemos a leer lo que nos advierte la naturaleza.

Caballero 6 y la nivelación del terreno ¿Lotizar sobre un terreno que enterró un viejo huayco?

Caballero 6 y la nivelación del terreno ¿Lotizar sobre un terreno que enterró un viejo huayco? (Foto SLH)

Restos de cerámica en Caballero 6

Restos de cerámica en Caballero 6 (Foto Anahí Vásquez de Velasco )

Las invasiones y la teoría de la impunidad

Finalmente llegamos a los sería Caballero 1, una zona que muestra la presencia en algún momento de grandes huaycos. Allí pudimos observar la destrucción de los hitos del Ministerio de Cultura, la remoción de tierra y la destrucción de un cartel que alerta que esta zona es patrimonio arqueológico.

El área contigua correspondiente a un viejo lecho de un huayco hoy empieza a ser ocupada por vendedores de terrenos, a unos metros los campos de cultivo tal vez sean terrenos para ser reemplazados por viviendas en los próximos diez años.

Estructuras prehispánicas en Caballero 1 son amenazadas por invasores

Estructuras prehispánicas en Caballero 1 son amenazadas por invasores (Foto SLH)

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Hito del Ministerio de Cultura destruido en Caballero 1 (Foto SLH)

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Lotización de terreno en Río Seco a unos metros de Caballero 1 (Foto SLH)

Seguir monitoreando, esa es la tarea

La experiencia de este monitoreo que culmina con un mapeo de los sitios arqueológicos en la plataforma Web de Salvemos las Huacas, ha significado una valiosa experiencia de colaboración entre quienes se suman para aportar, desde su experiencia y especialidad comentarios, reflexiones, información, fuentes y sobre todo mucho compromiso por defender nuestro patrimonio arqueológico.

La zona requiere una nueva visita, más pausada, con mayor precisión y apoyadas en mayor información, pero los resultados son claros: la destrucción del patrimonio es evidente y la vía carrozable es un peligro latente en esta zona y esto será motivo de una comunicación a las autoridades competentes para que actúen con celeridad y no estar lamentándonos posteriormente.

La Municipalidad de Carabayllo tiene que darnos una explicación e informamos sobre el movimiento de tierras y el Ministerio de Cultura actuar de forma rápida y oportuna. Finalmente agradecer desde este blog a quienes nos acompañaron en este recorrido: a Enrique Mori, Anahí Vásquez de Velasco y Jovelos Bahamonde.

Revise la galería de fotos de la visita aquí

Lima es un desierto. Para el imaginario de los pobladores de esta metrópoli que fuimos educados es un sistema donde predominaba el libro de texto, la palabra indiscutible del profesor y la lámina Huascarán esto es poco creible ¿Desierto? Eso es lo que hay en Ica o Piura o lo que rodea a las pirámides de Egipto con sus camellos. En Lima no, no somos un desierto, nos afirma el común de la gente.

Lámina Huascarán

La idea de desierto desde el punto de vista geográfico en su morfología y características no es algo que nos podamos tragar fácilmente los limeños. Una ciudad bañada por tres ríos (Chillón, Rímac y Lurín) y una impresionante red hidráulica que hasta hoy sobrevive no es lo típico en un desierto. Hoy aún pueden verse algunos campos de cultivos que sobreviven al crecimiento urbano hacia el sur, norte y este y demuestran cuán productivo fue y es este valle que poco a poco languidece.

Y es que no fueron los barbudos españoles montados a caballo quienes hicieron cultivable este valle. Al pensar establecerse en un espacio que no esté ni muy cerca ni tampoco tan lejos del mar los llevó a ubicarse en esta parte del valle del Rímac. Encontraron un terreno llano, con caminos y canales de regadío que lo hacía altamente productivo y presentaba las mejores credenciales para ser la capital del Virreinato del Perú. Y aquí se quedaron. aprovechando toda la herencia andina en esta parte del Tahuantinsuyo.

La Lima colonial, la que conmemora su fundación un 18 de enero de 1535, esa Lima existe gracias al dominio que sus pobladores nativos tuvieron del valle. Pueblos como los Incas, Ychmas, Huanchos, Latis, Sulcos, Marangas, Huatcas, Collics, Waris por mencionar algunos desarrollos que los arqueólogos van develando, alcanzaron un valioso desarrollo y dominaron este desierto. Lo hicieron productivo, lo canalizaron, lo vincularon con una economía de lomas y mar. De agricultores, pescadores y recolectores de mariscos, de navegantes, ceramistas, maravillosos tejedores e impresionantes arquitectos. Construyeron un ecosistema que les permitió subsistir y de la mejor manera hacer su suelo altamente prductivo.

Ese mismo espacio lo ocupamos ahora nosotros, somos muchos más. Cerca de nueve millones. El agua escasea, ya no hay áreas verdes y predomina el cemento y el asfalto. Estamos colapsando con un sistema de transporte que no puede atender la monstruosa demanda. Lima crece y repta sedienta en el cerro, la loma y al pie del río, en el asentamiento humano, en la invasión, en la propia huaca. Se viste de moderna y crece hacia arriba, mientras que las casonas clasemedieras de mitad del siglo veinte se demuelen para convertirse en un condominio para sesenta familias, cómodamente financiado, sin espacios públicos ni áreas verdes.

Y nuestra huacas están allí. Durante los últimos veinte años ellas, junto a muchos vecinos vienen resistiendo. Soportando todo. Evitando ser mutiladas. Luchando por sobrevivir a la asfixia de la basura e indiferencia. Al boom inmobiliario, a la mezquindad del político.

Pirámide E del Complejo Arqueológico Mateo Salado

Pirámide E del Complejo Arqueológico Mateo Salado, un continiuum cultural por develar

Hoy recordamos a los barbudos con armadura, montados a caballo y vomitando fuego de sus arcabuces. Sedientos de oro y codicia. Pero también recordamos a una Lima Milenaria que hizo de un desierto un maravilloso valle y nos legó ciencia, arte, misiticismo y tecnología para hacer habitable este lugar.

Es hora que empecemos a mirar más a esa historia, la del reto, la transformadora, aquella que solucionó problemas para vivir en armonía con nuestros ríos, montañas, valles y mar.

¿Y cuándo celebraremos a nuestra Lima Milenaria? ¿Cuándo festejaremos su milenaria fundación? ¿Su mítico origen?

Salvemos las Huacas nació como una plataforma Web para monitorear la situación de los sitios arqueológicos de la ciudad y promover la participación ciudadana. Hace quince años esta iniciativa empezó a tomar forma desde el espacio que consideramos idóneo y con mayores perspectivas: la escuela.

Bajo las circunstancias de una Feria de Ciencia y Tecnología se empezó a incubar una idea que sumada con el entusiasmo de los adolescentes, el desarrollo de las tecnologías de información y comunicación  y el potencial arqueológico que nos rodeaba en aquel momento se fue orientando hacia la idea hacer de la escuela un espacio de gestión cultural.

Este término, “gestión cultural”, fueron dos palabras que durante el año que acaba de terminar generó entre los activistas, colectivos, organizaciones, academia, empresarios y funcionarios públicos un intenso debate. Ella formaba parte de la modificatoria del Decreto Legislativo 1198 que en unos de sus párrafos señala:

El Ministerio de Cultura podrá otorgar a entidades públicas y/o privadas, mediante Convenios de Gestión Cultural, la administración de determinados componentes de dichos bienes inmuebles, para coadyuvar a su protección, investigación, conservación, restauración, exhibición, difusión y/o puesta en valor sostenible, pudiendo incluir la administración de servicios complementarios según los alcances que determine el Ministerio de Cultura en los respectivos Convenios de Gestión Cultural a suscribirse.”

Ya todos conocemos la historia y su vaivenes. El Cusco se levantó, presionó al gobierno y el Congreso derogó la modificatoria. Nunca se pudo generar un diálogo, buscar consensos, encontrar salidas y era obvio, la población no confía en el Ministerio de Cultura y su actuación no había sido la más coherente en varios casos emblemáticos (Túnel de Puruchuco, Bypass de avenida 28 de Julio, etc.).

La idea de convenio de “Gestión Cultural” vinculada a la administración de “determinados componentes” nunca se llegó a comprender. El término “coadyuvar” se reemplazó en boca de muchos políticos por el de privatizar y el “y/o” de toda la lista de acciones (“protección, investigación, conservación, restauración, exhibición, difusión, puesta en valor sostenible”) no era otra cosa para otros funcionarios, políticos y opinólogos que la puerta abierta, con ventanas y techo incluído para que nos invada la concesión, es decir, la privatización de nuestro patrimonio arqueológico.

El resultado: miles de sitios siguen ahí esperando ser gestionados por el Estado. Un Estado que difícilmente pueda llegar a todos los rincones del país a cumplir con su rol y en dónde los activistas, colectivos, organizaciones, escuelas, universidades y empresas sí pueden llegar y lo vienen haciendo a pesar de las precarias condiciones en que muchos nos movilizamos.

Javier Lizarzaburu, en su balance 2015, da cuenta de la movida vinculada al patrimonio arqueológico el año que se fue, es interesante ver acciones ciudadanas de los “privados” que vienen impactando poco a poco y pretenden convertirse, como en las redes sociales, en tendencia durante los siguientes meses y años.

¿Qué sucedería si de manera sistemática y coordinada intersectorialmente los Ayni (limpieza de huacas) como los que se han llevado a cabo en Puente Piedra y Chorrillos se generalizan en otros distritos? ¿Cuántos barrios pueden movilizarse y sumarse, no exclusivamente desde la iniciativa “Huaca Limpia, Huaca Viva” del Ministerio de Cultura, sino desde la organización vecinal misma? ¿Cuántos Municipios de la ciudad asumirían la responsabilidad de movilizar sus gerencias de participación vecinal para que los propios ciudadanos empiecen a transformar sus huacas en mejores lugares para los barrios? ¿Cuántas universidades, institutos y organizaciones de Cultura Viva Comunitaria en coordinación estrecha con gobiernos locales y Ministerio de Cultura llevan a las huacas su intervenciones, performance, festivales y talleres? ¿Cuántas escuelas impulsarían competencias ciudadanas vinculadas a las rutas de aprendizajes para movilizar a niños, niñas, púberes, adolescentes y maestros en las huacas que están ahí, a un paso de la escuela y es el potencial objeto de estudio para una enseñanza activa, crítica y reflexiva de las ciencias sociales y la formación en ciudadanía? ¿Cuántas huacs en Lima Metropolitana son ejes culturales, con una programación mensual estructurada, como espacio abierto al público? ¿Cuántas otras organizaciones se sumarían a esta idea de monitorear las huacas en bicicleta como lo hace el Círculo Ciclista Protector de las Huacas y crear conciencia del uso de transporte no motorizado difundiendo el valor de nuestras huacas y vigilándolas? ¿Cuántos municipios siguiendo el modelo desplegado entre los años 2011 y 2014 por la Municipalidad Metropolitana de Lima de implementar programas para docentes en patrimonio y poner en valor sitios arqueológicos se puedan replicar en algunos distritos de la ciudad? ¿Cuántas escuelas cercanas a las huacas pueden replicar museos escolares, salas de exposición, guías escolares de turismo, material educativo y metodologías que apunten al conocimiento de la cultura y patrimonio local cómo se viene haciendo en diversas instituciones educativas?

¿No es esto gestión cultural? ¿No lo venimos haciendo? ¿No estamos logrando “coadyuvar a su protección, investigación, conservación, restauración, exhibición, difusión y/o puesta en valor sostenible”? ¿Qué sucedería si tenemos “la administración de servicios complementarios según los alcances que determine el Ministerio de Cultura en los respectivos Convenios de Gestión Cultural a suscribirse”? ¿Estamos privatizando? ¿Concesionando? ¿Somos el cuco que va depredar el patrimonio?

Esperemos que este 2016 sea un año de definiciones. Lo será en términos electorales y esperamos que los candidatos puedan proponer alternativas coherentes con la realidad, no con propuestas de gabinete o de consultoras y asesores, sino con alternativas vinculadas con lo que venimos construyendo.

Seguimos cocinando a fuego lento, concentrando este maravilloso caldo, pura esencia, que suma ingredientes, sabores y colores. Que ya lo hemos probado y requiere mejoras, sí. Y también mucha asistencia técnica y un mayor trabajo articulado entre los “privados” y el Estado.

Desde Salvemos las Huacas los invitamos a sumarse a las actividades que iremos programando a lo largo del año 2016 y nos seguiremos sumando a las distintas iniciativas que se presenten no solo en Lima, sino también en el interior del país, para promover la defensa, protección y amor por nuestro patrimonio arqueológico.

Gracias por lo vivido y compartido este año que se fue.

La seguimos….

Koke Contreras
Coordinador Local
Salvemos las Huacas

 

Ayni en Tambo Inga

Ayni en la Huaca Tambo en Puente Piedra

Mateo Salado (Foto Julio C. Tello, 1917-1919)

Mateo Salado (Fotografía de Julio C. Tello, 1917-1919)

Al culminar el almuerzo mis octogenarias tías abuelas hacían una sobremesa muy singular. Se habla de algún lugar de Lima y en el momento menos imaginado empezaban a enumerar huacas de la ciudad. Cada detalle de estos montículos de barro, mudos testigos en nuestros barrios, eran develados con lujo de detalles. Fluían anécdotas, datos y referencias para apoyar su exacta ubicación. Esta extraña costumbre se repetía con balcones, solares, casonas, monumentos y edificios públicos. Pero cuando ellas hablaban de huacas yo quedaba embrujado.

Mientras mi tía Inés describía a una de las huacas de Chacra Colorada, mi tía Elifia la interrumpía y reconstruía una ruta que partía del centro histórico de la ciudad, cruzaba el jirón de La Unión, Quilca e ingresaba por Jr. Zorritos hasta llegar a Tingo María y desembocar con Mateo Salado. Ese es el camino inca afirmaba y allí se desataba la polémica:

- Cinco Cerritos, Huaca Azcona o las huacas de Chacra Colorada. Da lo mismo como lo digas Ñonguito.

- Es Mateo Salado sobrino, la huaca que te menciono. No te confundas, ese era el camino que llegaba desde la Plaza Mayor hasta Chacra Colorada.

- ¡Tú no eres arqueóloga para andar soltando ideas que confundes al chico!

- ¡La que lo confunde eres tú, poniendo cualquier nombre a las huacas! ¡Antojadiza!

Yo escuchaba maravillado. Totalmente atrapado por imágenes que iba creando mi mente. Nadie me confundía. Al contrario, las pistas que me iban entregando en episodios eran las ideas claves para emprender mis viajes montado en mi legendaria bicicleta Mister y recorrerlas por las tardes de verano.

- Y ese paredón no es un camino Inca Ñonguito, te repito no es un camino Inca.

- Inés, por favor, no haces más que confundirlo, míralo, no sabe a quién seguir en la conversación.

- ¡Ese paredón no es de los Maranga! ¡Es republicano y divide las chacras de los floristas japoneses!

- No me refiero a ese paredón… me refiero al que sale al lado de uno de los Cinco Cerritos colindante con la acequia y los algodonales, después de los rosales, cómo quien se va para Pando.

- Mateo Salado, Ma-te-o Sa-la-do, no Cinco Cerritos, ese es su nombre. Eso sí es un camino, pero se pierde doscientos metros más allá antes de llegar a Panteón Chino y a las huaquitas que lo rodean.

Tenía las coordenadas y todo planeado. Preparé mi bicicleta y salí por la avenida Bolívar. Al voltear a la derecha por Sucre debía llegar hasta lo que sería un futuro parque dedicado a la bandera y de allí encontrar ese viejo camino prehispánico.

La pista no estaba en el mejor estado, por momentos era de tierra y piedra. Las chacras estaban siendo lotizadas poco a poco. Todo empezaba a cambiar. Al fondo, imponentes y dominando el paisaje se levantaban los Cinco Cerritos o Mateo Salado. Tres podían ser vistos claramente. Al lado del más grande estaba el camino, justo al pie de una mole de barro cortada por un inmenso tajo.

El panorama era impresionante. Altos muros se mantenían en pie y otros estaban caídos y erosionados. Parecían bombardeados, hasta que pude ver con definición el camino. Era tal como me lo habían descrito en las sobremesas. Una especie de callejón pegado a la huaca más grande. Sus paredes aún se mantenían en pie. Parecía que había sido levantado sobre una plataforma (así le llamaban mis tías) y se perfilaba hacia lo que fue la Hacienda Pando.

Deje escondida mi bicicleta entre unos matorrales, muy cerca de una pequeña acequia y empecé a subir la huaca. Mientras me elevaba podía ver que varios terrenos ya habían sido lotizados y los paredones de barro que delimitaban las chacras iban dando paso a tímidas calles que iban configurando las futuras urbanizaciones. El camino era muy definido y orientado hacia Pando para luego perderse entre chacras y acequias.

La semana anterior le pedí a mi tía Elifia que me dibuje en un papel la ubicación de las huacas de los Cinco Cerritos y lo que sería el camino que iría a Huadca, la monumental huaca que estaba frente a lo que sería un centro comercial a un paso de la Universidad Católica. Saqué de mi bolsillo el mapa doblado en ocho y empecé la reconstrucción de este maravilloso valle mirando al horizonte e imaginando como sería antes de la llegada de los barbudos montados a caballo.

La tarde de verano dejaba ver al fondo las islas San Lorenzo y el Frontón. El viento proveniente del mar soplaba en mi cara, miré con cuidado y apareció Huadca y muy cerca de ella pude identificar un paredón de adobe. Ese sería parte del camino que se conectaría con el que sale de Cinco Cerritos o Mateo Salado.

Baje la huaca, monté en mi bicicleta y salí raudo nuevamente hacía la avenida Bolívar. La acequia central estaba sobrecargada, había mucha agua. Era verano y siempre en esta época las acequias y canales se llenan y desbordan hacia la pista. Mis tías decían que esos canales que parecen modernos no lo son, que son prehispánicos y que los españoles los usaron como su red de agua.

Crucé el jirón Cueva y los tapiales de barro pintados de blanco tenían avisos de “Se vende”. Una pequeña acequia cruzaba los terrenos del Estadio La Unión, el club de los japoneses. Había llegado por fin al final de la avenida Bolívar y al frente mío tenía a la Universidad Católica como recién ocupante del terreno asomándose entre el olor a chacra.

Miré hacia la derecha y escondido entre la maleza por fin lo encontré. Era de la misma forma que el camino que salía de Mateo Salado. Dejé la bicicleta a un lado y empecé a recorrerlo. Una fuerza me invitaba a recorrerlo. Estaba atrapado por una emoción que movía ligeros mis pies. Por mi mente empezaron a aparecer las imágenes de antiguos pobladores que peregrinaban llevando ofrendas a ese inmenso templo de Huadca. Dicen mis tías que esa era la capital de los Maranga, su centro político y religioso.

Un cerco vivo con modernos tapiales delimitaba la universidad y una pista volvía a cortar al viejo Qhapaq Ñan. Estuve tan absorto que olvidé haber dejado mi bicicleta atrás. Corrí entre sus paredes, sudaba frío pensando que alguien se la hubiese llevado hasta que llegué al punto de inicio. Allí estaba mi fiel compañera de viajes y aventuras, esperándome para seguir descubriendo más rutas y huacas de mi ciudad.

Hoy estoy al pie este camino Inca, han pasado sesenta años desde que lo recorrí, de la mano de mi nieto recorro nuevamente eso mágico lugares. Sí, la magia está viva y aún palpita mi corazón como aquella tarde de verano de las sobremesas con las octogenarias tías abuelas hablando de huacas de esta Lima Milenaria.

Koke Contreras, junio de 2015

Mateo Salado (Fotografía de Julio C. Tello, 1917-1919)

Mateo Salado (Fotografía de Julio C. Tello, 1917-1919)

La responsabilidad social empresarial orienta sus acciones en el despliegue de una relación constructiva con la comunidad, en donde las empresas no sólo actúen en el ámbito del crecimiento económico, sino que extiendan su participación al campo del desarrollo de las comunidades, buscando impulsar el mejoramiento continuo de la calidad de vida de las familias y su entorno social, desde acciones orientadas a la salud, educación, medioambiente e infraestructura.

En Lima aún son insuficientes las iniciativas de responsabilidad social dirigidas hacia el patrimonio cultural y para ser más específicos el patrimonio arqueológico. Somos una ciudad que cuenta con un promedio de 377 huacas registradas y declarada oficialmente como patrimonio y hemos sido reconocida mediante ordenanza como “Lima Ciudad Milenaria, Ciudad de Culturas” por nuestro desarrollo civilizatorio de más de 4.000 años de antigüedad. Esta densidad histórica nos coloca ante un reto descomunal: cómo contar como ciudad con financiamiento para desplegar procesos investigación arqueológica y puesta en valor del patrimonio arqueológico que integre los valles del Chillón, Rímac y Lurín.

La primera reacción que tenemos al mencionar la puesta en valor en nuestras huacas es lograr proyectos turísticos que permitan el desarrollo económico de las comunidades cercanas y acercaros laboralmente a la oferta turística.

¿Es posible que las empresas orienten su responsabilidad social únicamente hacia el potencial sitio turístico de un sitio arqueológico como recursos económico que debe ser explotado intensamente? ¿Qué representa para vecinos y comunidades aledañas a las huacas eso montículos de barrio y piedra y los objetos que se extraen de ella para ser exhibidos?

Es allí donde la responsabilidad social debe orientarse hacia una educación que coloque a las huacas como espacios emblemáticos para los barrios y conecte las tecnologías ancestrales de los antiguos vecinos con un cultura que hasta hoy subsiste (técnicas de tejido y teñido, estilos de cerámica, formas de expresarse a través de la iconografía, técnicas constructivas, etc.). Necesitamos afirmarnos como una ciudad ocupada por nuestros antepasados y que podemos recuperar ese legado desde una gestión cultural local que cree circuitos articuladas a una infraestructura de servicios.

Poco pueden valer los esfuerzos de una responsabilidad social enfocada solo en la excavación, el museo de sitio o el circuito turístico arqueológico. Necesitamos invertir en una educación que les permita a los estudiantes, familias y comunidad, descubrir su identidad y continuidad con su patrimonio y educar en ciudadanía.

Sin programas educativos que vinculen al barro, la construcción y los objetos del pasado con las tradiciones orales, la cultura viva y la memoria colectiva de los vecinos que rodean a una huaca, estamos olvidando quienes somos y hacia dónde vamos.

Mantenimiento preventivo en la Huaca Alborada (Comas) en el marco del 3er FestiColli

Mantenimiento preventivo en la Huaca Alborada (Comas) en el marco del 3er FestiColli ¿Y si las empresas locales apoyan financieramente este tipo de iniciativas desde las escuelas hacia la comunidad?

Gonzalo Torres escribió este domingo en el diario El Comercio y su artículo nos debe llevar a pensar y repensar que sucede cuando no diferenciamos entre lo cultural y comercial al momento de producir un video, fotografiar o desplegar alguna actividad en la explanada de una huaca (Ver artículo completo aquí).  Esto en directa alusión a las nuevas tarifas del Ministerio de Cultura publicadas ya a finales del mes de diciembre en donde se aprueba el Tarifario de los Servicios No Prestado en Exclusividad del Ministerio de Cultura mediante Resolución Ministerial No 371-2013-MC.

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Gonzalo Torres, conductor del programa “A la vuelta de la esquina” ha sido un valioso referente de como acercarnos a la historia local y valorar nuestras huacas desde un discurso ágil y ameno.

En este documento de cincuenta y cinco páginas (pueden disfrutar de su amena lectura aquí) se nos detalla los pagos por tarifas a museos, sitios arqueológicos entre otros servicios. Qué el Estado cobre por prestar servicios, nadie lo discute. Lo que llama la atención es que en la página 23, Anexo 4, se presenta el listado de los Servicios No prestados en Exclusividad para el ejercicio fiscal 2014, donde se consigna que “el servicio de filmaciones con despliegue escénico con fines culturales y/o comerciales” por día (ojo por día) es de S/.4,064.00 en un listado de huacas de Lima, algunas puestas en valor, otras que aún no lo están o se encuentran en proceso. A esto se suma que “las filmaciones simples con fines culturales y/o comerciales” –en esos mismo espacios- tienen el costo de S/. 871.00 por día.

En el artículo del popular y carismático Gonzalete se hace mención que ya no se grabará en las huacas que se hace mención en el listado. Imaginen dos días de grabación en tres huacas a cuánto asciendería el monto, así que han optado por emitir programas pero con imágenes de archivo, algo bastante penoso, pues este programa ha cubierto momentos importantes de puestas en valor de diversas huacas de la ciudad y ha promovido un discurso en pro de su defensa y protección. Algunos dirán, pero si Plus TV es una empresa privada que vende sus programas en un circuito comercial. Sí, en efecto, pero son programas culturales, con una clara línea de promover a través de un lenguaje masivo la importancia de las huaca en nuestra ciudad y su necesidad de protegerlas. Gonzalete no está vendiendo polos, bividis, ni calzoncillos de Gamarra teniendo como escenario el Complejo Arqueológico Mateo Salado o la Huaca San Borja.

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Tradicional Inti Raymi en Mangomarca que este año no se puedo realizar por los costos de pago al Ministerio de Cultura

Consideramos que colocar en igualdad de condiciones a una filmación simple con fines culturales con otra de fines comerciales es totalmente desproporcionado ¿Y qué sucedería si desde Salvemos las Huacas u otra iniciativa escolar o comunitaria queremos entrevistar a las personas que vienen haciendo trabajos de puesta en valor, destacar iniciativas de limpieza en huacas u otras jornadas de movilización documentándolas en video? ¿Tendremos que pagar bajo las mismas condiciones que una tienda por departamente que desea grabar teniendo como locación el fondo de una huaca para vender su línea de jeans? Claro, nosotros no podríamos aplicar a la categoría de servicio de filmaciones con despliegue escénico, sino a la de filmaciones simples con fines culturales y/o comerciales y eso te cuesta la friolera S/. 871.00 por día.

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Estudiantes de Lima Norte celebran el Inti Raymi en explanada del Templo El Paraíso

Finalmente, también encontramos tarifs que oscilan entre S/. 1000.00 y S/. 8000.00 para el uso de la explanada de sitios arqueológicos de Lima (Ver página 39 de la norma) ¿Cómo dar tratamiento a iniciativas como las que organiza el Kápac Sumaq Ayllu convocando a escuelas para celebrar las festividades del calendario andino? ¿Cómo facilitar que defensores de huacas como los estudiantes de la IE Daniel Alcides Carrión de San Juan de Lurigancho tengan las facilidades para celebrar el tradicional Inti Raymi en la Huaca Mangomarca?

Esperemos que se tome en cuenta que hoy la ciudadanía viene asumiendo tareas muy valiosas en la defensa del patrimonio y desde el Estado debe ofrecérsele las mayores facilidades paracontinuar con en esa tarea. Nosotros llegamos a barrios de manera permanente donde el Estado no puede llegar. Necesitamos facilidades para continuar con registro documental en video y acciones movilizadoras con la comunidad, que solo buscan impulsar educación ciudadana y patrimonial en los barrios.